Anaideia

Bloquéame esta

Entrelaza sus manos, se estira los brazos, se cruje los dedos y empieza a escribir un texto absolutamente visceral y venido de cierto enfado.

Yo habité los oscuros y distópicos mundos de Meta y hace un tiempo me vine a Mastodon en busca de otro modelo de red social que se ajustara a mis principios básicos sobre cómo debe ser el mundo y sobre cómo debemos organizarnos y relacionarnos en las militancias y en la cotidianidad. Dejé de echar de menos Instagram ipsofacto. Menudo lugar más sórdido, tóxico y pestilente. El planteamiento de Mastodon me sedujo desde el primer momento. Busqué una instancia afín y me creé una cuenta. Ni siquiera me presenté, pues no tenía ni idea, pero enseguida le pillé el truco a cómo funcionaba la cosa y empecé a relacionarme con gente. Al principio todo era hermoso y chupiguay y todas las personas me parecían maravillosas. Nunca había visto un lugar en el que la gente se volcara tanto en ayudar a resolver problemas y a difundir, en el que alguien se molestara en preguntarme con sinceridad "¿cómo estás? ¿te sientes mejor? me he estado acordando de ti", o en el que se me siguiera el juego y se me animara a hacer realidad proyectos de lo más absurdos. Incluso me he empezado a interesar por la informática (con lo inepta que yo soy) porque me he topado con gente que se ha tomado el tiempo y la molestia de ayudarme y enseñarme con cariño y paciencia. Y todo eso es, peña, brutalicio.

Peeeeeeero el enchochamiento del principio pronto se pasó, pues pude conocer algunas dinámicas, algunas rencillas entre personas e incluso entre instancias y pude comprobar que incluso en Mastodon se producen dinámicas de mierda que creí dejar atrás cuando me cerré mi cuenta de Instagram. Y desde todo tipo de personas ¿eh? aquí nadie se escapa, aquí no hay santurrones. De hecho, algunas de esas dinámicas de mierda pueden llegar a ser incluso más dolorosas que en las redes hegemónicas, porque ahí te censura y te castiga y te cierra la cuenta un algoritmo y dios sabe quién, pero aquí nos peleamos "cara a cara" y nos herimos y nos damos de hostias entre personas de verdad, entre iguales. Y claro. No todas las instancias tienen los mismos principios o normas aunque puedan tener visiones similares de las cosas. No todas viven el humor del mismo modo, no todas tienen la misma idea de cómo se debe moderar, no todas tienen el mismo concepto de "lugar seguro". Y por supuesto, no todas las personas piensan como yo ni tienen mi misma ideología o visión sobre la vida. EXISTEN DISCREPANCIAS. Y también existen herramientas para no tener que ver ni interactuar con perfiles con los que, por lo que sea, no quieres interactuar. Es muy difícil levantar espacios horizontales y autogestionados con gente tan distinta. Cuántos proyectos de colectivos anarquistas se han ido a pique por lo difícil que es el entendimiento (se lía un cigarro). Pero hay que hacerlo. Por cada uno que se cae, hay que levantar diecisiete más. Porque es eso o ponernos en manos de los poderosos y los cretinos y delegar todo lo que somos y queremos ser en gente para la que solo somos beneficio económico. Y he de decir que, en su forma, en su estructura, Mastodon me parece el mejor recipiente a día de hoy, el modelo de red social que más se ajusta a mis valores de horizontalidad y autogestión. Porque mientras en Instagram las relaciones son cada vez más frías y las personas están sometidas a la hoja de ruta que marcan no sé qué algoritmo, la IA, una gran empresa y sus muertos pisaos, en este sitio nos relacionamos de verdad, con personas reales que hacen tictictictictic con sus deditos en un teclado en algún lugar del país y del mundo. Eso es genial, pero conlleva una responsabilidad y un trabajo tremendos que en las otras redes no hacen falta. Este lugar es lo que sus habitantes hacemos de él, igual que cualquier espacio autogestionado. Y como mis principios implican la escucha, la comprensión, la pedagogía y la conversación antes que la violencia, el linchamiento y el castigo, así trato de relacionarme tanto en mi cotidianidad de carne y hueso como en la virtual. Eso no significa que sea una jipi que ignora relaciones abusivas y que señala que el problema está en el individuo y que tenemos que amarnos pese a todo. No me confundáis. No me gustan los jipis. Pero decidme ¿cómo vamos a construir un mundo nuevo si seguimos reproduciendo sus lógicas de violencia y levantando muros grises e inexpugnables?

Muy recientemente he descubierto que existe una cuenta en Mastodon cuyo único cometido es recomendar y promover bloqueos masivos a personas, servidores e incluso redes sociales federadas. Me he cabreao y también me he asustado un poco, porque me parece una práctica absolutamente tirana, y para protegerme a mí misma la he bloqueado directamente.

A lo que voy: me parece horrible y muy peligroso que existan cuentas de Mastodon para recomendar bloqueos a otras cuentas, instancias o incluso redes sociales federadas... Las intenciones podrán ser súper nobles y puede ser que, efectivamente, a veces sea necesario tomar algunas medidas frente a gente y comportamientos violentos para crear espacios seguros y demás. Pero estoy convencida de que esas prácticas, mal ejecutadas, se vuelven punitivistas y, además, desencadenan el efecto contrario: niegan la posibilidad de la gente afectada de autodefenderse si lo considera, impiden la comunicación sana entre personas reales y promueven el linchamiento y la cancelación bajo el único criterio de la persona o personas que manejen esa cuenta. En las redes sociales toda noticia se propaga como la pólvora y puede hacer mucho daño, y si nos sumamos a ese carro sin pensarlo y sin criterio ninguno "porque es lo que hace y piensa todo el mundo" y porque hay miedito a que le linchen también a une, apaga y vámonos. Porque explicadme ¿dónde está el límite? ¿En qué momento se deja de buscar "lugares seguros" para crear celdas aterciopeladas? ¿justifica el discurso de la seguridad el uso de prácticas violentas, represivas y punitivas? Esta misma pregunta se la hago también al Estado y a quienes lo defienden. Porque tengamos siempre presente que donde acaba lo colectivo comienza lo jerárquico y lo jerárquico siempre implica represión. Además, el discurso favorito de los gobiernos para recrudecer prácticas represivas es el discurso de la seguridad ciudadana. Hacéoslo mirar. No quiero policías ni matones (con o sin placa) en nuestros espacios.

Para terminar de soltar este tremendo rollo, quiero contaros mi experiencia en un colectivo en el que estuve hace mucho tiempo, porque creo que viene al caso (salvando las evidentes diferencias entre un espacio virtual y uno físico y de carne y hueso).

Uno de los primeros proyectos feministas de los que formé parte como militante era un colectivo, ya extinto, formado por chavalas cis, trans y también hubo alguna persona no binaria. Además éramos gente muy joven. No era un colectivo declaradamente anarquista, pero funcionaba de manera anarquista: no permitíamos la presencia ni colaborábamos con partidos políticos, todas las personas que lo formábamos teníamos la misma capacidad de decisión, funcionábamos de manera asamblearia, nos autofinanciábamos con eventos y fanzines e incluso nos autoformábamos. Esto último molaba mucho, porque cuando alguien tenía algo que le motivaba o sobre lo que quería saber más e investigar, organizábamos una charla en la ya desalojada okupa de referencia para que fuera quien quisiera, y se daba esa charla con lo que alguna había aprendido o lo que le motivaba. Así cogíamos seguridad y cobrábamos conciencia de que lo que teníamos que decir era importante y tenía sentido, y también aprendía el resto, se compartían y colectivizaban nuestros conocimientos y perspectivas (Kropotkin dijo en La moral anarquista "La persona fuerte de pensamiento, la persona exuberante de vida intelectual, procura naturalmente esparcirla. Pensar sin comunicar su pensamiento a los demás carecería de atractivo. Sólo la persona pobre en ideas, después de haber concebido una con trabajo, la oculta cuidadosamente para ponerle más tarde la estampilla de su apellido. La persona de poderosa inteligencia desborda ideas, las siembra a manos llenas; sufre si no puede compartirlas, lanzarlas a los cuatro vientos; en ello está su vida”). Aprendí muchísimo, pero muchísimo. Y aunque éramos un colectivo no mixto, hacíamos algunas asambleas abiertas para que viniera quien quisiera, incluidos hombres, y se implicara en cosas del colectivo y supiera lo que estábamos haciendo. Además, éramos personas diversas, con estilos, gustos e intereses diferentes. Era muy bonito.

Pero llegó un momento en el que todo eso comenzó a corromperse. Pronto empezaron a hacerse, sin demasiada reflexión antipunitivista o reparadora, sino de manera visceral e inconsciente, comunicados señalando que tal o cual tipo había sido un abusador y un maltratador (algún día os hablaré de mi particular visión de los comunicados). Por otro lado, comenzaron a generarse jerarquías y ciertas personas con influencia ganaron poder en el colectivo y sus opiniones y visiones eran las más escuchadas y valoradas. En ese momento, además, Murcia estaba plagada de nazis (de los peligrosos) y también empezó a señalarse a gente que se había hecho nazi o que se juntaba con nazis (esto bien y comprensible). Después se comenzó a señalar a personas que, por ejemplo, en su pasado se habían relacionado con gente que después se había hecho nazi, o que eran simplemente "amigas" de tipos que habían sido abusadores o maltratadores (algún otro día os hablaré también de mi particular visión sobre el papel tan importante que pueden jugar las amistades en procesos antipunitivistas). Se les vetó de espacios, se les señaló públicamente, se les marginalizó y se les jodió la vida. A alguna persona incluso se la llegó a agredir físicamente. No tardaron en llegar las purgas a compañeras del colectivo por "ambiguas", porque no hacían lo suficiente en el colectivo, porque habían cometido algún error (a una se la echó y se la vetó por haber perdido un monedero con dinero del colectivo) o porque, simplemente, no caían en gracia de quienes gozaban de influencia en el colectivo. Dejé de sentirme segura, empecé a sentir miedo de hablar y expresarme en un espacio que se suponía que también era mío, y empecé a bajar mi perfil y mi actividad en el colectivo hasta que, finalmente, me largué. Ese colectivo dejó de funcionar cuando, desde otra asamblea feminista y anarquista que habíamos creado recientemente, les hicimos saber que no queríamos trabajar ni aliarnos con un colectivo violento y punitivista. Se dieron cuenta de que se les había ido de las manos y decidieron tomarse un tiempo para reflexionar que, finalmente, desembocó en su disolución.

Lo que quiero decir contando esta experiencia es que si muchos proyectos autogestionados (tanto militantes de carne y hueso como virtuales, como Mastodon y sus relaciones entre personas y entre servidores) se van a la mierda, es porque impostamos las lógicas del sistema que queremos destruir, sobre todo las lógicas del punitivismo, el escarnio y la cancelación que tanto gustan al Estado y al capitalismo. Buscar maneras sanas de relacionarnos, basadas en la palabra, en la pedagogía, en el cariño y en el antipunitivismo sigue siendo nuestra tremenda asignatura pendiente. Y en parte lo sigue siendo porque no estamos dispuestas a invertir (para muchas personas se considera perder) nuestro tiempo comprendiendo, escuchando, conversando y aprendiendo mutuamente las unas de las otras. Nos sumamos a sus ritmos frenéticos que nos destruyen y nos matan lentamente en nuestra cotidianidad, nos quedamos con la apariencia, con la estética, con la palabrería y, en definitiva, con el envoltorio llamativo que ofrecen sus herramientas, entre ellas las redes sociales. La tierra es siempre yerma porque nos parece una pérdida de tiempo abonarla y porque cada persona tiene que traer su planta de casa, ya cultivada. Y a quien no tenga ni idea, que le jodan. Y a quien no piense como nosotres, que le jodan. Todo sea por generar espacios seguros a toda costa, sin importar los cadáveres emocionales (término expropiado a Brigitte Vasallo) que se queden por el camino.

A mí no me habléis más de espacios seguros, no me habléis más de antipunitivismo, no me habléis más de colectividad, de otredades, de respeto, de cuidados y de cariño si vamos a seguir siendo la misma mierda policíaca de siempre y si vamos a seguir impostando sus lógicas de violencia. No me hace falta ya esa palabrería y tampoco estética alguna. Definitivamente, nadie es quien aparenta ser. Estoy hasta el coño ya.

Ya me podéis nominar para bloqueo masivo si queréis, me cago en dios.

¿Te apetece suscribirte? jiji
Thoughts? Leave a comment