En cada lugar por el que pasamos, plantamos una herida y cosechamos otra que alguien dejó. Y eso es lo que somos: pequeños mapas, mosaicos hechos de cicatrices y sedimentos apelmazados con el paso del tiempo en las cuencas de los ojos. No en vano, Piedad Bonnet escribió:
"No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas".