Lo advierto, este texto no es nada objetivo sino personal y visceral sobre algo que, algunas veces, vivo silenciosamente aunque se esté hablando tanto de ello desde los proyectos políticos que surgen en la ciudad y aunque muchas veces las intenciones sean del todo bonicas. Ayer estuve con un buen amigo con quien siempre me encanta pasar horas y horas charlando. Él, como yo, es de pueblo y él, como yo, tiene apego a él. Una buena parte de nuestro palique fue en torno a esta cuestión: la manera en la que la "ruralidad" se reivindica desde los movimientos sociales y políticos de la ciudad, como impostándola, homogeneizándola y folclorizándola. La ligereza con la que se habla de recuperar unas raíces que nunca fueron habitadas. Apreciar y valorar la "ruralidad" sin la "ruralidad".
Y digo "ruralidad" así, entre comillas, porque en la ciudad todo lo que no es ciudad es "ruralidad" y se mezcla en una especie de cajón de sastre indefinido, confuso y mitificado.
Hablan de "ruralidad" desde la ciudad y algo aquí dentro se nos revuelve y gruñe silenciosamente ante la torpeza y, en el peor de los casos, condescendiente hipocresía. Porque somos capaces de cruzar el país entero para ir a un evento anarquista con fanzines en no sé qué ciudad pero todo son pegas cuando se propone hacer un evento fuera de la ciudad, todo son dificultades y qué pereza ir al pueblo de al lado, no hagáis ahí la charla que me pilla mal para desplazarme, qué esperáis, si todo se cuece aquí.
Hay relaciones, matices y vivencias que jamás se darán en las ciudades y sí en los pueblos o en el campo, aunque así se intente por la comodidad de disponer de la "ruralidad" en el mismo centro de la ciudad.
La "ruralidad" es diversa. La vida en un pueblo no es igual que la vida en el campo y ni siquiera un pueblo es como otro pueblo, pero todo se mezcla y parece lo mismo en todos los lugares que no son ciudad.
La "ruralidad" y, concretamente, la vida en un pueblo entraña muchas cosas hermosas. Algunas de ellas son, para mí, raíces y terruño y las añoro desde una especie de culpa y desarraigo raro, porque estoy en la ciudad de manera forzada y no me adapto del todo a ella y algo me araña aquí dentro cuando pienso que no estoy ahí, que no estoy conectada con la realidad de mi pueblo, que no trato de levantar ningún proyecto bonito allí y sí aquí, porque aquí estoy y aquí están ahora mismo las "oportunidades" de trabajo y vivienda (si es que a esto se le puede llamar oportunidad). Aquí, en la ciudad, jamás he sido entendida cuando he dicho que, pese a que estoy bien y la ciudad me ha dado muchas cosas buenas y tengo red y un huequecico, nunca conseguiré hacerme a ella. Me han mirado con asombro o incredulidad cuando he dicho que volvería a mi pueblo si pudiese y que nada puede reemplazar mi Sierra Espuña y el olor a lumbre en invierno y la tranquilidad y mi gente bonita y no se me comprende cuando digo que tengo apego a mis raíces pueblerinas. Qué mierda me vais a decir desde vuestro bullicio sobre el anonimato y los arreboles.
Y digo anonimato y sonará a paradoja, porque en los pueblos supuestamente todo el mundo se conoce, pero sus habitantes y vida son del todo ajenos y anónimos en la ciudad. Porque todo-lo-que-no-está-en-la-ciudad-no-existe.
Pero la ruralidad también puede ser dolor, soledad, aislamiento, inercia y violencia y hay quienes huyen, como si su terruño les vomitara.
Como hablábamos Charli y yo, ruralidad también es la desesperanza de los colegas atrapados en el bar del pueblo y en su inercia ante la no oportunidad; ruralidad también podría implicar la asfixia de ser el trans y el maricón, la roja de mierda, la bollera, el yonki, el perdío, los moros, el niño al que hicieron bullying y que de mayor se cruza continuamente con sus acosadores; la deficiencia del transporte público y de los recursos sanitarios, que los proyectos no cuajen, la devoción por los legionarios de culos apretados en Semana Santa. Ruralidad también puede ser infancia dolorosa e individualismo, endogamia, moldes establecidos, repudio y la carga del qué-dirán y del todo-el-pueblo-lo-sabe.
Aunque algunas de esas cosas puedo haberlas vivido, en mi caso el pueblo entraña más cosas buenas que malas y vivencias y relaciones muy especiales. Ni siquiera los punkis de pueblo son como los punkis de la ciudad. Los del pueblo me acogieron sin ser yo nada de eso y me escucharon y me enseñaron lo que era sacar de donde no hay, montar conciertos en el campo de alguien, organizar un centro social entre vecinas mosqueadas y cine en los parques sin pedir permisos al ayuntamiento. Los punkis de ciudad son endogámicos, chachis, te miran raro si no llevas cresta o animal print y van a emborracharse al bar de un empresario que monopoliza buena parte de la hostelería en Murcia.
La "ruralidad" es diversa pero, en cualquier caso, seguro que no es lo que los de la ciudad queréis que sea. Pero qué os importará lo que sea la "ruralidad" cuando lo que interesa es el producto folclórico, la risa por las palabras extrañas que pronuncian las viejas con delantal sentás a la fresca y el acento cerrao que me gasto y del que alguna vez os habéis reído, la estampita de vuestro afiche, esa rara fantasía vuestra de no sé qué autenticidad y redes colectivas. Supongo que "ruralidad" también es que mi pueblo quiera ser ciudad por el hambre voraz del capital y que le planten un McDonalds y que se convierta en un pueblo dormitorio y que esté dominado por una empresa cárnica y que cientas de personas sean explotadas en el campo y la fábrica y que un grupo de vecinos racistas consiguieran cerrar una mezquita y que me lloviera una violencia inmensa en redes sociales por dar en la casa de la cultura una charla sobre las mujeres anarquistas murcianas en la guerra civil. Supongo que ruralidad también es no encajar en la inercia de lo que deben ser la adultez y las aspiraciones vitales y las amistades que son tan solo por el privilegio del tiempo.
Qué importarán en la ciudad el arraigo y el desarraigo y el éxodo que vacía los pueblos y se apretuja en los bosques de hormigón y asfalto.
La ruralidad es a pesar de la ciudad y sus estímulos y oportunidades y ruidos y rapidez. La ruralidad es a pesar de vuestro intento por reducirla a cuatro conceptos vacíos y falaces. No necesitamos que nos reivindiquéis. La ruralidad es resistencia y apego y raíz, pero también es úlcera y escara y cicatriz.