Anaideia

La huerta se muere y tú te emborrachas

Bueno, hoy es el Bando de la Huerta y a mí y a mis compas nos toca currar hasta la extenuación.

El Bando es, tal vez, una de las fiestas que menos soporto por varios motivos que aquí os expongo, y que toda criatura murciana que me lea me perdone.

Antes de entrar de lleno a justificarme, una pequeña pincelada histórica. El origen de esta fiesta está en el siglo XIX, cuando un grupo de señoritos se la inventaron para burlarse de las formas de vida de la gente de la huerta, que era pobre, miserable y analfabeta. Tras la murcianidad, la huerta y nuestro habla, subyace una evidente cuestión de clase. Por suerte aquello hoy ha perdido peso y se supone que es un día para ensalzar la identidad murciana, pero de manera hipócrita, en mi opinión.

El caso es que hoy hay un desfile donde se muestran y exhiben diversos aspectos de la cultura murciana y huertana, la gente se viste de huertana (aunque con cierta licencia, porque ese traje típico es como una especie de traje de gala y folclórico que, en todo caso, utilizarían las burguesías) y se va va a comer y a beber a las barracas y pasea por la ciudad. Lo cierto es que en las Fiestas de Primavera Murcia se llena de flores y eso sí es muy bonito. Pero de un tiempo a esta parte, el Bando de la Huerta se ha convertido en un macrobotellón que se propaga por todo el centro de la ciudad y un poco más allá. Las calles se atestan de gente que empieza a beber y a emborracharse hasta el coma etílico desde muy temprano sin más objetivo que ese, así que es muy común encontrarse a gente meando y vomitando en cada portal y en cada rincón y tirando ingentes cantidades de basura al suelo, todo con chundachunda y sirenas de ambulancia como banda sonora.

Entonces, para mí, se juntan varios factores: el primero, que como me he criado en un pueblo y no en Murcia ciudad, no tengo una conexión emocional con esta festividad. La murcianidad, la huerta y la primavera las he vivido de manera diferente. El segundo, que me suele tocar trabajar y soportar a buena parte e esa gente y es una jornada bastante traumática. Es de los días de trabajo más fuertes, frenéticos y agotadores del año. El tercero, que nunca me ha gustado esa forma de ocio. Nunca me han gustado las aglomeraciones ni salir con el único objetivo de emborracharme hasta caer inconsciente. Puede que lo haya hecho en el pasado por presión social y cosas de la juventud, pero una ya tiene una edad para decidir cómo se divierte y con quién. El cuarto, que detesto que la ciudad se convierta en un basurero gigante donde tienes que ir esquivando basura y ríos de meados que desembocan en charcos de contenidos cuestionables.

Después de todo el día bebiendo, la gente se zombifica a partir de las nueve de la noche aprox. Hace dos años curré en el Bando por la noche y el camino de ida y vuelta mostraba un paisaje postapocalíptico: calles con montañas de basura a las que iba dando patadas para poder pasar, caudalosos ríos de meado y vómito discurriendo por el margen de la carretera y por las esquinas, un olor repugnante resultado de la mezcla de vómito, meado y alcohol, y algún que otro "ser" tambaleándose a lo lejos.

Con to y con eso (como dicen en mi pueblo), la gente me mira como si fuera un extraterrestre cuando digo que, si por mí fuera, me esfumaría de Murcia el día del Bando para ir a la sierra, a la playa o a mi pueblo. La peña no entiende cómo no puede resultarme divertido emborracharme mientras me achicharro al sol rodeada de gente, como si estuviera en una lata de sardinas, mientras la ciudad se ensucia y apesta hasta niveles repugnantes. Qué rara y qué aburrida soy. Y qué poco murciana.

Hace algunos años, un grupo de punkis y antisociales que hacían cosas bajo el nombre Murzia Tropikal, popularizaron la frase "la huerta se muere y tú te emborrachas" para criticar la hipocresía de un pueblo que ignora sus raíces, que asiste (y contribuye) a la pérdida y el despojo de su territorio y que, sin embargo, reivindica y celebra la murcianidad poniéndose hasta el culo y llenándolo todo de mierda.

Y hasta aquí mi ensayo.

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