Patxi toma "lo de siempre": un quinto de cerveza (o para la gente de Madrid, un "botellín") con copa fría, y un vaquerito de Dyc 8 años con hielo pequeño. Cuando no quiere nada de eso, se toma un botellín de agua frío y un café solo con mucho hielo pequeño. Y si se pide una copa, un Tanqueray con tónica con hielo pequeño y limón exprimido. Siempre paga al momento.
Patxi es de los parroquianos clásicos del bar. Es, quizá, la primera o de las primeras personas a las que conocí cuando entré a trabajar en el Sur. Tendrá ¿Cincuenta años? ¿Cuarenta y pico? No sé. Patxi es de los que tienen su sitio fijo en la barra del bar, en el rincón oscuro, junto a la puerta, donde se ve todo lo que pasa tras la barra y en los confines del local. Es un tío educadísimo y me llama "querida" y "cariño". Lleva toda su vida trabajando en hostelería, así que jamás tendrá un mal gesto hacia ninguna de las camareras. A veces juega al ajedrez con el móvil o escucha partidos de fútbol con los cascos puestos. Patxi es de los solitarios, de los que cuanta menos gente a su alrededor, mejor. Pero al mismo tiempo, tiene un montón de amigos y colegas con quienes se cruza fortuitamente en el bar y le dan las tantas hablando con ellos y tomando quintos.
Hubo una época en la que yo trabajaba todos los martes por la noche, y los clientes fijos eran Pepe Voll Damm, Pepe Estrella (dos seres muy cotidianos sobre los que hablaré algún día) y Patxi. El trío calavera. Tres bonicos del tó que arreglaban el mundo en esa esquina de la barra todos los martes por la noche con el bar vacío y ponían verdes a todos los fachas de mierda mientras me pedían temas de Barricada y Rosendo. No sé si los Pepes y Patxi se conocen de otras historias o si sus caminos se cruzaron en esa esquina de la barra, pero se quieren con locura y se preocupan los unos de los otros. Más de una vez me han dicho "Patxi lleva tiempo sin venir, creo que no está muy bien, me tiene preocupado". Cuando vienen y no está alguno de ellos, siempre lo buscan y preguntan "¿Hoy no ha venido? A ver si le ha pasado algo".
Mi amistad camarera con Patxi se afianzó musicalmente en el momento en el que pinché a los Pixies y a los Ramones. Este tío entiende de música. La canción Here comes your man de los Pixies ya me tiene secreta e invisiblemente ligada a Patxi, aunque él no lo sepa.
Un día alguien me contó parte de la historia de Patxi. Tuvo una compañera y se querían con locura, que se puso muy enferma y falleció. Desde entonces, Patxi no volvió a ser el mismo. A veces creo que se da el día de recordarla y a él se le nota en la cara. Esos días dan ganas de abrazar a Patxi y de decirle que vaya mierda de mundo, que un tapón a su salud. Pese a todo, Patxi tiene ahora una compañera, con la que viene algunas veces. Creo que jamás me dijo su nombre, las amistades camareras son así. Quieres mucho a alguien que suele venir y, por lo que sea, pasan los años y nunca has sabido su nombre pero sí lo que bebe. Ella es una tía majísima, segura de sí misma, cariñosa, graciosa, con los pies en la tierra. La amo, ojalá viniera con más frecuencia de la que lo hace.
Cuando, hace dos noviembres, me despedí del bar para cobrar el paro y estudiar, me dio pena despedirme de Patxi. Me cogió la mano con sus dos manos, me dijo que me iba a echar de menos y después me deseó toda la suerte del mundo y me dio un abrazo. Cuando volví este octubre y me vio detrás de la barra, se le iluminaron los ojos y la sonrisa que me dedicó fue del todo sincera. En ese momento, Patxi atravesaba momentos jodidos. Se fue del bar donde había trabajado toda su vida porque dejaron de respetarlo. Empezó a trabajar en otro sitio donde decidieron que era una buena idea no pagarle por su trabajo y también se marchó. Dejó de venir porque no se lo podía permitir. Después empezó a currar en el bar de enfrente, sirviendo los desayunos a los pijos del centro de Murcia. Yo creo que Patxi se siente superado por la vida. Creo que Patxi está triste.
Al principio de las horripilantes fechas navideñas, Patxi se puso borracho con unos amigos. Me llamó, acudí, me cogió las manos y me dijo: "quería decirte que eres la mejor camarera de este bar, que eres una cría graciosísima, cariñosa, lista, y siempre con buenas palabras para mí. No estoy pasando un buen momento y quería decirte que te quiero muchísimo y que gracias por todo. Y que si no lo sintiera de verdad, no te lo diría".
Ayer charlamos un rato. Le pregunté que cómo estaba. Se quedó pensativo y yo misma le respondí "como decía un punki de mi pueblo, sobremuriendo ¿No?". Me dijo que era el mejor término y que se lo quedaba, sobre todo viniendo de un punki. Efectivamente, Patxi estaba sobremuriendo.
Joer. Tras la barra del bar una encuentra cosas. Personas que no son un simple y pesado saco de huesos. Soledades, vidas magulladas o en su época de esplendor, experiencias, recuerdos. No romantizo en absoluto, pero sí. Tras la barra del bar una encuentra cosas. A veces una encuentra Patxis.